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De lo lógico a la locura resta nada más que un segundo.
Entonces ella le dijo que sería tal vez una buena opción visitar a uno de estos adivinos, sin el pensamiento, sin esa prodigiosa capacidad de comprende la situación, tomó lo que sería una de las decisiones más calamitosas de su existir, si es que ese termino puede acuñarse en esta situación. Sinceramente nunca creyó en lo anormal, en esas cosas que no se pueden explicar, obviamente es mejor inventar una leyenda ha indagar en lo real, pero él no podía con la incertidumbre de lo diario, se atormentaba acerca de su futuro, singular expresión humana ¿no?, torturas no hacen falta en cuanto alguien comienza ha pensar en su futuro, tan peligroso es este concepto, tan extrañas son las consecuencias de “futuro”, así como le sucedió a Febo.
Entonces lo visitó. Cuando penetro el umbral se sintió como desdoblado, levitante, incorpóreo, el vaporoso lugar lo transporto a aquellos tan inaccesibles montes en donde la meditación cobra substancia, incluso sintió su alma indigna de sobre volar el lugar, el precio de la sesión había sido cancelado con antelación, un precio que una persona normal no pagaría por una hora de conversación, pero ese no es el caso de Febo.
Entonces su mirada fue atrapada por el augur, que irreconocible sentimiento lo atestó, tenía unas ganas de salir corriendo, de hecho parte de el salió. Se vio sentado frente al espectral ser, con sus manos sobre una superficie de piedra, lapislázuli, que azul más hermoso, que piedra más poderosa, comenzó entonces, sin decir ninguna palabra a ser parte del rito, el adivino lanzó palabras sin sentido, Febo no puso real interés en ellas, solo pocos minutos antes de terminar con la ceremonia, escucho decir, tú no morirás.
Febo fue castigado por el futuro, su condena fue la vida eterna, una constante tortura e incertidumbre, mil años, millones de siglos, ¿que más da?
Nota del autor: una cosa súper extraña de la vida, quizás lo entiendas si lo lees lento, como si estuvieras contando una historia propia, como teatralmente.
14/9/09
2/9/09
Acércate
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Es un delirio tormentoso pensar en tu distancia, pensar en tu ausencia, sentir tu existencia, pero no ser los suficientemente fuerte como para hallarte, sé que estás en mi derredor, siento tu olor, me atraen tus pensamientos, se que me contemplas, me disfrutas, me susurras, ¡me destierras de tu vida solo por placer!, ¡acércate!, te necesito ahora, justo ahora, no juegues con mi alma, no revolotees, ven ¡bebe mi néctar!, con tal furia intensa te necesito que constantemente mi espíritu rompe mi pecho, para salir en tu búsqueda, pero siempre vuelve con las manos vacías, cómo eres capas de camuflar tu existencia. Sé con certeza absoluta que lejos no estas, un sabueso rastreador es mi mejor análogo, es que no puedo detenerme, junto con tu aroma, llamas incandescentes se apoderaron de mis ojos y solo sigo tu sombra, en ocasiones miró al sol, tal vez me de una pista, no olvido que en sus llamas esta el destino.
(También albergo un corazón en mi caja toraxica)
Es un delirio tormentoso pensar en tu distancia, pensar en tu ausencia, sentir tu existencia, pero no ser los suficientemente fuerte como para hallarte, sé que estás en mi derredor, siento tu olor, me atraen tus pensamientos, se que me contemplas, me disfrutas, me susurras, ¡me destierras de tu vida solo por placer!, ¡acércate!, te necesito ahora, justo ahora, no juegues con mi alma, no revolotees, ven ¡bebe mi néctar!, con tal furia intensa te necesito que constantemente mi espíritu rompe mi pecho, para salir en tu búsqueda, pero siempre vuelve con las manos vacías, cómo eres capas de camuflar tu existencia. Sé con certeza absoluta que lejos no estas, un sabueso rastreador es mi mejor análogo, es que no puedo detenerme, junto con tu aroma, llamas incandescentes se apoderaron de mis ojos y solo sigo tu sombra, en ocasiones miró al sol, tal vez me de una pista, no olvido que en sus llamas esta el destino.
(También albergo un corazón en mi caja toraxica)
SOL
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Creo que el sol solo estiró un brazo para darme apoyo mientras miraba el insignificante conjunto de casas que aquel valle albergaba, mis ojos impactados ante el magnifico movimiento del viento entre las rendijas que conformaban el impactante paisaje, comenzaron a llorar, nunca antes había estado en un sitio en donde la paz fuese mas física y tangible, podía estirar mis manos y sentir como este comúnmente abstracto sentimiento se abría paso por cada dedo tardaba segundos en terminar su recorrido por mi mano, pero eso no era problema, ya que, era tan abundante esa sustancia que hasta mis pulmones se impregnaron de ella, sentí que el silencio era el más fiel compañero de la paz y dependían uno del otro mientras deambulaban fuera del cuerpo humano, una ves dentro el silencio tomaba otro camino y la paz encontraba un nuevo hogar, eso me ocurrió aquella tarde, miré hacia atrás pero no encontré lo que buscaba y aún no lo encuentro.
La obscuridad se hizo presente, y a cada momento aumentaba su predominio, la arcaica lucha entre estas dos fuerzas nunca había tenido un mejor coliseo, que el de aquella tarde, aun que la lógica nos diría que al llegar la noche las tinieblas triunfarían, no fue así, prefiero pensar que el sol, se percato de mi soledad y comentó a la luna lo que sucedía, el universo se detuvo por completo, hablamos durante largas horas con el calido amigo, me comento que el también sentía soledad, ser el centro del universo no necesaria mente te da privilegios, estaba tan ocupado dando calor a la galaxia que olvidó detenerse un segundo para pensar en él, al tocarme esa tarde recordó que el también tenia vida, y decidió venir en mi auxilio, me contó algunos secretos del universo y tuve el privilegio de oír como canta la luz, estaba atrasado en su labor, comentó que esa conversación no la olvidaría jamás ya que hace mucho que no charlaba con un humano yo di las gracias por su cariño y se marcho.
Cuando ya la luna tomo su lugar, yo aun seguía pensando en las palabras del sol, ella solo se limito a mirarme, no entendía porque el centro del universo detuvo todo por mi y la entiendo, ni yo se porque, pero eso no me incumbe solo me alegra, esa noche fue un poco mas larga, tenían que compensar el tiempo.
Creo que el sol solo estiró un brazo para darme apoyo mientras miraba el insignificante conjunto de casas que aquel valle albergaba, mis ojos impactados ante el magnifico movimiento del viento entre las rendijas que conformaban el impactante paisaje, comenzaron a llorar, nunca antes había estado en un sitio en donde la paz fuese mas física y tangible, podía estirar mis manos y sentir como este comúnmente abstracto sentimiento se abría paso por cada dedo tardaba segundos en terminar su recorrido por mi mano, pero eso no era problema, ya que, era tan abundante esa sustancia que hasta mis pulmones se impregnaron de ella, sentí que el silencio era el más fiel compañero de la paz y dependían uno del otro mientras deambulaban fuera del cuerpo humano, una ves dentro el silencio tomaba otro camino y la paz encontraba un nuevo hogar, eso me ocurrió aquella tarde, miré hacia atrás pero no encontré lo que buscaba y aún no lo encuentro.
La obscuridad se hizo presente, y a cada momento aumentaba su predominio, la arcaica lucha entre estas dos fuerzas nunca había tenido un mejor coliseo, que el de aquella tarde, aun que la lógica nos diría que al llegar la noche las tinieblas triunfarían, no fue así, prefiero pensar que el sol, se percato de mi soledad y comentó a la luna lo que sucedía, el universo se detuvo por completo, hablamos durante largas horas con el calido amigo, me comento que el también sentía soledad, ser el centro del universo no necesaria mente te da privilegios, estaba tan ocupado dando calor a la galaxia que olvidó detenerse un segundo para pensar en él, al tocarme esa tarde recordó que el también tenia vida, y decidió venir en mi auxilio, me contó algunos secretos del universo y tuve el privilegio de oír como canta la luz, estaba atrasado en su labor, comentó que esa conversación no la olvidaría jamás ya que hace mucho que no charlaba con un humano yo di las gracias por su cariño y se marcho.
Cuando ya la luna tomo su lugar, yo aun seguía pensando en las palabras del sol, ella solo se limito a mirarme, no entendía porque el centro del universo detuvo todo por mi y la entiendo, ni yo se porque, pero eso no me incumbe solo me alegra, esa noche fue un poco mas larga, tenían que compensar el tiempo.
El gusano de mi sufrimiento
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Sentía la lúgubre voz emanar desde las húmedas entrañas del subsuelo, tratando de salvarme del letargo al cual me enfrentaba. No había consuelo suficiente para mi ser, aún no comprendía como era posible que siguiese vivo, lo ultimo que recordaba era caminar por la acera dando esos paceos nocturnos que tanto necesitaba. Mi cuerpo estaba entumecido, yacía boca arriba o talvez boca abajó, realmente no lo sabía, pero de algo estaba seguro, las próximas horas serían un suplicio. No tenía enemigos, no que yo supiese, pero hoy es común tenerlos sin siquiera imaginarlo, lamentablemente pensar en eso no disminuía el impacto que la situación me provocaba, la falta de visión fue recompensada con la amplificación de mi oír, eso fue lo peor que pudiese haberme sucedido, comencé a oír el lento avanzar de miles de gusanos que venían por su presa, estos inapreciables seres transmitían su ansía de mí; a través de la tierra, las piedras, las raíces. Entonces, como nunca, deseé la muerte, deseé que algún meteorito perforara la atmósfera y diera justo sobre mí. No se detenían, parecía que ellos al enterarse de mi desesperación, disminuyeran el pasó para así disfrutar más mi dolor, tardé talvez una hora o un día, en sentir los primeros devoradores sobre mí, al poco tiempo ya estaba rodeado. Fueron cuidadosos en cuanto se toparon con mi piel, luego al adentrarse en mi cuerpo, comenzó el delirio, no se detenían, eran malditos, inquietos, perforadoras sin control, como una bandada rumbo al sur, estos parásitos se encaminaron hasta mi corazón, gracias a Dios.
Sentía la lúgubre voz emanar desde las húmedas entrañas del subsuelo, tratando de salvarme del letargo al cual me enfrentaba. No había consuelo suficiente para mi ser, aún no comprendía como era posible que siguiese vivo, lo ultimo que recordaba era caminar por la acera dando esos paceos nocturnos que tanto necesitaba. Mi cuerpo estaba entumecido, yacía boca arriba o talvez boca abajó, realmente no lo sabía, pero de algo estaba seguro, las próximas horas serían un suplicio. No tenía enemigos, no que yo supiese, pero hoy es común tenerlos sin siquiera imaginarlo, lamentablemente pensar en eso no disminuía el impacto que la situación me provocaba, la falta de visión fue recompensada con la amplificación de mi oír, eso fue lo peor que pudiese haberme sucedido, comencé a oír el lento avanzar de miles de gusanos que venían por su presa, estos inapreciables seres transmitían su ansía de mí; a través de la tierra, las piedras, las raíces. Entonces, como nunca, deseé la muerte, deseé que algún meteorito perforara la atmósfera y diera justo sobre mí. No se detenían, parecía que ellos al enterarse de mi desesperación, disminuyeran el pasó para así disfrutar más mi dolor, tardé talvez una hora o un día, en sentir los primeros devoradores sobre mí, al poco tiempo ya estaba rodeado. Fueron cuidadosos en cuanto se toparon con mi piel, luego al adentrarse en mi cuerpo, comenzó el delirio, no se detenían, eran malditos, inquietos, perforadoras sin control, como una bandada rumbo al sur, estos parásitos se encaminaron hasta mi corazón, gracias a Dios.
16/8/09
El sentir de una tormenta
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Segundos antes de que comenzara la tormenta, un viento desgarrador se apoderó de las calles desoladas, los árboles se balanceaban como si en cualquier momento fuesen a ser amputados, las aves planeaban despavoridas, surcaban los cielos sin encontrar la brisa correcta que las llevara a su nido. En cuanto a mí, ya podía sentir ese aroma a tierra húmeda, ya casi podía sentir las gotas impactando contra la superficie, un terrible sentimiento de inseguridad mortificó mi alma, no hacía falta un trueno para transformar esto en una escena de terror. El cielo que tan maligno se vistió aquella tarde, dio tregua a un racimo de nubes blancas, tan puras, tan suaves, tan pulcras. Se movían a una velocidad impresionante, nunca había visto un par de nubes apartarse de su rebaño, se me aproximaron, en cuestión de segundos se posaron sobre mí. Comenzaron decender, poco a poco fui perdiendo el alcance de mis vista, poco a poco sentí que estaba en un lugar inexistente, comencé a impregnarme de esta atmósfera, mi piel comenzó a evaporarse, todo a mi alrededor eran blanco, no podía distinguir otra cosa que no fuese la pureza que me rodeaba. Lentamente comencé a elevarme, ya no podía distinguir mis extremidades, poco después, era parte de esta aglomeración de agua rebelde.
Una tristeza vibrante embargó mi espíritu, sentí lo que siente una tormenta, sentí un poder y un peso descomunal, la angustia era tal, que poco tardé en caer en un trance anestésico. Que maravilla, ni aun mil drogas podrían haberme llevado a ese estado alucinante, de pronto, como si ya fuese imposible sostenerse de las estrellas, miles cayeron, cuando la primera gota tocó tierra, un éxtasis se apoderó de la gran masa flotante, sentí algo que con palabras humanas sería imposible de representar. Disfruté de esta experiencia como de ninguna antes o después lo haría, de pronto sentí que una energía enorme se acumulaba en mí, vibraba infinitamente, descontrolada, esta energía comenzó a brillar, de pronto así como una estampida, toda esta energía se acumuló en mí y me lanzó, me desterró de esos incorpóreos parajes, con una velocidad casi desintegradora, el eléctrico carruaje impactó mi jardín, una onda alumínica se arraigó en el lugar, parecía el jardín del edén, tan limpio, tan celestial. Allí estaba yo, nuevamente de carne y hueso, desnudo, luminoso, poderoso, empapado, las gotas de tormenta exploraban mi cuerpo, en tanto yo reconocía nuevamente mi torso, mis brazos, mis manos. Fui el único trueno de aquella tormenta.
Segundos antes de que comenzara la tormenta, un viento desgarrador se apoderó de las calles desoladas, los árboles se balanceaban como si en cualquier momento fuesen a ser amputados, las aves planeaban despavoridas, surcaban los cielos sin encontrar la brisa correcta que las llevara a su nido. En cuanto a mí, ya podía sentir ese aroma a tierra húmeda, ya casi podía sentir las gotas impactando contra la superficie, un terrible sentimiento de inseguridad mortificó mi alma, no hacía falta un trueno para transformar esto en una escena de terror. El cielo que tan maligno se vistió aquella tarde, dio tregua a un racimo de nubes blancas, tan puras, tan suaves, tan pulcras. Se movían a una velocidad impresionante, nunca había visto un par de nubes apartarse de su rebaño, se me aproximaron, en cuestión de segundos se posaron sobre mí. Comenzaron decender, poco a poco fui perdiendo el alcance de mis vista, poco a poco sentí que estaba en un lugar inexistente, comencé a impregnarme de esta atmósfera, mi piel comenzó a evaporarse, todo a mi alrededor eran blanco, no podía distinguir otra cosa que no fuese la pureza que me rodeaba. Lentamente comencé a elevarme, ya no podía distinguir mis extremidades, poco después, era parte de esta aglomeración de agua rebelde.
Una tristeza vibrante embargó mi espíritu, sentí lo que siente una tormenta, sentí un poder y un peso descomunal, la angustia era tal, que poco tardé en caer en un trance anestésico. Que maravilla, ni aun mil drogas podrían haberme llevado a ese estado alucinante, de pronto, como si ya fuese imposible sostenerse de las estrellas, miles cayeron, cuando la primera gota tocó tierra, un éxtasis se apoderó de la gran masa flotante, sentí algo que con palabras humanas sería imposible de representar. Disfruté de esta experiencia como de ninguna antes o después lo haría, de pronto sentí que una energía enorme se acumulaba en mí, vibraba infinitamente, descontrolada, esta energía comenzó a brillar, de pronto así como una estampida, toda esta energía se acumuló en mí y me lanzó, me desterró de esos incorpóreos parajes, con una velocidad casi desintegradora, el eléctrico carruaje impactó mi jardín, una onda alumínica se arraigó en el lugar, parecía el jardín del edén, tan limpio, tan celestial. Allí estaba yo, nuevamente de carne y hueso, desnudo, luminoso, poderoso, empapado, las gotas de tormenta exploraban mi cuerpo, en tanto yo reconocía nuevamente mi torso, mis brazos, mis manos. Fui el único trueno de aquella tormenta.
9/8/09
Cardiomegalia
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Trémulo se tornó mi vivir a partir del accidente del que fui víctima. Guardaba muy cerca de mi corazón, un pañuelo muy antiguo, contenía un sentimiento, algo como una sonrisa, pero no alcanzaba la categoría de felicidad, lo suficientemente neutro como para poder mantenerme estable, sin caer al abismo de la adversidad, y sin deleitarme en los placeres de la dicha. Hacía una tarde hermosa, el sonido que emanaba de la agitación de las hojas ya predecían el fatal destino del que sería víctima, fui sordo a sus advertencias. De un momento a otro, se abalanzó sobre mí, sin escatimar en su violencia, un desenfrenado engendro de cuatro ruedas, que misterioso se torna lo demás, sin conciencia, pecaría si dijese algo sobre lo que sucedió. Compacto, estaba mi cuerpo, ileso dijeron los doctores, un milagro los espectadores. Pero no era del todo cierto, faltaba una pieza. Durante el alboroto, había perdido, mi pañuelo, ese que me equilibraba, noté su ausencia en cuanto recobre la conciencia. Mis esfuerzos por recuperarlo fueron en vano, comencé a temer por mi destino, mi estabilidad estaba en manos del azar, talvez sería feliz, talvez sería desgraciado, eso sería parte del futuro, solo sé que mi corazón comenzó a sobre cargarse, la tensión fue demasiada, respiraba como si el aire fuese escaso, como si mis pulmones fueran disminuyendo. Mi corazón comenzó a crecer. Cada día era más grande, cada día tenía que suplir la ausencia del antiguo sentimiento envuelto en un pañuelo, ganó terreno, poco le importó quitar espacio a los demás órganos, poco tarde en estar en esta situación, postrado, no puedo comer lo necesario, no puedo respirar libremente, como lo hacía antes, mi corazón esta fuera de control, esta expandiéndose, me esta destruyendo. Ya es demasiado tarde para mí, el tiempo se agotó, hoy muero, mi corazón ganó.
Trémulo se tornó mi vivir a partir del accidente del que fui víctima. Guardaba muy cerca de mi corazón, un pañuelo muy antiguo, contenía un sentimiento, algo como una sonrisa, pero no alcanzaba la categoría de felicidad, lo suficientemente neutro como para poder mantenerme estable, sin caer al abismo de la adversidad, y sin deleitarme en los placeres de la dicha. Hacía una tarde hermosa, el sonido que emanaba de la agitación de las hojas ya predecían el fatal destino del que sería víctima, fui sordo a sus advertencias. De un momento a otro, se abalanzó sobre mí, sin escatimar en su violencia, un desenfrenado engendro de cuatro ruedas, que misterioso se torna lo demás, sin conciencia, pecaría si dijese algo sobre lo que sucedió. Compacto, estaba mi cuerpo, ileso dijeron los doctores, un milagro los espectadores. Pero no era del todo cierto, faltaba una pieza. Durante el alboroto, había perdido, mi pañuelo, ese que me equilibraba, noté su ausencia en cuanto recobre la conciencia. Mis esfuerzos por recuperarlo fueron en vano, comencé a temer por mi destino, mi estabilidad estaba en manos del azar, talvez sería feliz, talvez sería desgraciado, eso sería parte del futuro, solo sé que mi corazón comenzó a sobre cargarse, la tensión fue demasiada, respiraba como si el aire fuese escaso, como si mis pulmones fueran disminuyendo. Mi corazón comenzó a crecer. Cada día era más grande, cada día tenía que suplir la ausencia del antiguo sentimiento envuelto en un pañuelo, ganó terreno, poco le importó quitar espacio a los demás órganos, poco tarde en estar en esta situación, postrado, no puedo comer lo necesario, no puedo respirar libremente, como lo hacía antes, mi corazón esta fuera de control, esta expandiéndose, me esta destruyendo. Ya es demasiado tarde para mí, el tiempo se agotó, hoy muero, mi corazón ganó.
3/8/09
Protesto!
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Lamentable resulta pensar sobre atentado intelectual al que somos expuestos día a día, del que probablemente tenemos en gran parte culpa, ya que somos incapaces de detectar estos devoradores de intelecto. Tiempo atrás comencé ha observar más detenidamente mi ambiente, recordé mi pasado y sentí una gran tristeza, me percate de la caja de zapatos en la que fui adiestrado, no sabía nada y la vez sabía lo que necesitaban que supiese, podría decir “desperté” de un letargo somnífero, digamos que fui inyectado para ser quien querían que fuese, pero desarrollé algún anticuerpo que rompió la maldición. Vago se torna el término “educación” cuando me refiero a mi niñez, es aquí donde la inocencia es aprovechada al máximo, pero no precisamente por un buen guía, me parece que este ser es incorpóreo, si no lo es, se oculta de una forma magnífica. Mi protesta es fundamentada en un sentimiento que bordea el asesinato, me preocupa profundamente que hoy halla gente que es embobada para deteriorar su capacidad del pensamiento, esperó estas cadenas sean cada vez más débiles, talvez así seremos libres.
Lamentable resulta pensar sobre atentado intelectual al que somos expuestos día a día, del que probablemente tenemos en gran parte culpa, ya que somos incapaces de detectar estos devoradores de intelecto. Tiempo atrás comencé ha observar más detenidamente mi ambiente, recordé mi pasado y sentí una gran tristeza, me percate de la caja de zapatos en la que fui adiestrado, no sabía nada y la vez sabía lo que necesitaban que supiese, podría decir “desperté” de un letargo somnífero, digamos que fui inyectado para ser quien querían que fuese, pero desarrollé algún anticuerpo que rompió la maldición. Vago se torna el término “educación” cuando me refiero a mi niñez, es aquí donde la inocencia es aprovechada al máximo, pero no precisamente por un buen guía, me parece que este ser es incorpóreo, si no lo es, se oculta de una forma magnífica. Mi protesta es fundamentada en un sentimiento que bordea el asesinato, me preocupa profundamente que hoy halla gente que es embobada para deteriorar su capacidad del pensamiento, esperó estas cadenas sean cada vez más débiles, talvez así seremos libres.
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