.
Como si fuese un ensayo de la despedida, mentirás. Quién dijo que sería un ensayo, quién dijo que este no sería el adiós de verdad, pues ya lo ves, este es el adiós.
He recibido una carta con carácter urgente, me la ha entregado ella (nadie mejor que ella) el problema radica en que viene desde el infierno. Y bien sabido es que desde allá pocas cosas son buenas (no olvidemos que errar es divino).
Se deja saber por obvio que al tocar el maligno sobre, mis dedos se consumirían, sin embargo, mis lágrimas fueron de la envergadura necesaria para aplacar la ardiente correspondencia. El contenido de cualquier forma llegaría otra vez a su mente, no olvidemos que el silencio no es para todos los demonios. Y un recuerdo es de los chismes favoritos de estos devoradotes de felicidad, si en verdad todo debe ocurrir, en verdad todo es sabido, todo.
De cualquier forma, esto es adiós, un adiós prematuro claro, pero adiós al fin.
¿Abro la ventana? Si la abro, miro de frente a la muerte, esa caja negra, tan negra que te eclipsa el alma, que te hace desaparecer, yo no sé por qué le temen tanto, si es más bien un favor que le hace a uno sacarlo de esta tierra (sin pedir permiso claro) .
Bueno deja ya tanta palabrería y despídete de una vez, Adiós. O ¿debo decir hola?
Un viento escandaloso agitó el mantel de la mesa haciendo bailar las copas que sobre el reposaban, lo curioso fue que no derramaron ni una gota del veneno que contenían.
Adiós. O ¿debo decir hola?
Y finalmente se tomó las copas, la noche pasó y lo metieron en la caja, se le eclipso el alma. Adiós.
27/11/09
.............................Pausa
.
Había tomado el poder de este mundo por completo, había decidido poner ancla a nuestro planeta, este planeta que flotaba en el vacío, solitario, ató con cadenas el mar y la tierra, y detuvo nuestra orbita absolutamente.
Construyó alrededor de nuestro mundo castillos de inimaginable envergadura, con cruces en el ápice de los techos, existían corredores entre cada una de las torres, esta edificación era la responsable de la esclavitud de la tierra, junto a la magna puerta, un río de aguas celestes bajaba hasta el infinito, bordeado por una franja de iluminados pastos, este río era el ancla que tenía sus cimientos por allá donde termina el universo.
Las calles de la gran ciudad estaban tristes, apagadas, sin vida, la alegría estaba oculta en los confundidos pensamientos de las mentes, el dinamismo de la existencia había caducado, los relojes ya no giraban, el tiempo se había detenido, y por ende la muerte era lejana para todos, y desde ese momento los segundos, las horas, los días, los años, habían perdido completamente el sentido, habían dejado de existir como concepto, no podían ser concebidos en pensamientos. Caminar, respirar, incluso amar, había dejado de ser importante, porque no había un mañana, no había nada que perder, ni nada que ganar, porque el infinito nos alcanzo, la eternidad que tanto buscamos nos atrapó, nos acurruco en sus brazos y dormimos, anestesiados por el no-final.
Antes del estancamiento de nuestro mundo, cuando aún el tiempo tenía sentido, la humanidad comenzó sistemáticamente a prestar más atención a la metería y olvidó lentamente lo esencial, añoraba de tal forma la vida, temía y execraba a la muerte, estos síntomas fueron el preámbulo del desastre.
Él ser que escucho nuestras suplicas, y prestó atención a nuestra situación, tomó la decisión de concedernos lo que tanto ansiábamos, podría decir que pasaron los años, pero no representaría lo real de la situación ya que el tiempo no existía y no puedo aplicarlo, entonces la eternidad y el infinito serán nuestro leguaje, no-años no transcurrieron, y todo era igual, las mujeres ya no tenían la facultad dar vida, era un todo igual por siempre, y sé que no entiendes la palabra siempre, ya que aquí en este mundo si hay tiempo, pero los de la no-tierra si lo saben y muy bien, perfectamente.
Habíamos perdido mucho, había mucho que sin tiempo se nos había vedado, pero había algo que la humanidad nunca perdería jamás en ninguno de los tiempo o de los no-tiempos esa chispa de revolución que llevamos cada uno dentro, esa extraña contradicción que nos lleva a movernos, a hacer algo, algo que no podremos entender “jamás”, esta cualidad humano fue lo que salvó nuestra existencia.
Los mares, ríos, lagos, había cesado su movimiento, no fluían en ningún sentido, solo un río lo hacía, ese que estaba a un costado de la gran puerta. Briden era el nombre de quien en una época había anhelado la muerte, de una forma pura, sin maldad en el pensamiento, solo lo veía como un hito en esto que todos llaman vida, él en un as de esperanza, concibió la idea de que el río que fluye, trae consigo tiempo y existencia. Traspaso la gran puerta de forma ilegal, investigo el río durante algunas no-semanas, comentó su teoría, no-pronto la idea era masiva, Briden en tanto se adelanto a los demás, y se lanzó al río que había comenzado a ser llamado “tiempo”, cayó y comenzó a envejecer al instante, y la vida volvió a cobrar sentido para él. Al no-tiempo, los demás corrieron la misma suerte, el río guardo en secreto su destino. Cuando la no-tierra estuvo vacía, los relojes volvieron a girar y el ser que había pausado la tierra, camino hasta el río, se sentó en su orilla y dejo mojar sus pies, mientras las flores volvían a abrir sus pétalos al ritmo en que la tierra volvía a completar su elipse.
Había tomado el poder de este mundo por completo, había decidido poner ancla a nuestro planeta, este planeta que flotaba en el vacío, solitario, ató con cadenas el mar y la tierra, y detuvo nuestra orbita absolutamente.
Construyó alrededor de nuestro mundo castillos de inimaginable envergadura, con cruces en el ápice de los techos, existían corredores entre cada una de las torres, esta edificación era la responsable de la esclavitud de la tierra, junto a la magna puerta, un río de aguas celestes bajaba hasta el infinito, bordeado por una franja de iluminados pastos, este río era el ancla que tenía sus cimientos por allá donde termina el universo.
Las calles de la gran ciudad estaban tristes, apagadas, sin vida, la alegría estaba oculta en los confundidos pensamientos de las mentes, el dinamismo de la existencia había caducado, los relojes ya no giraban, el tiempo se había detenido, y por ende la muerte era lejana para todos, y desde ese momento los segundos, las horas, los días, los años, habían perdido completamente el sentido, habían dejado de existir como concepto, no podían ser concebidos en pensamientos. Caminar, respirar, incluso amar, había dejado de ser importante, porque no había un mañana, no había nada que perder, ni nada que ganar, porque el infinito nos alcanzo, la eternidad que tanto buscamos nos atrapó, nos acurruco en sus brazos y dormimos, anestesiados por el no-final.
Antes del estancamiento de nuestro mundo, cuando aún el tiempo tenía sentido, la humanidad comenzó sistemáticamente a prestar más atención a la metería y olvidó lentamente lo esencial, añoraba de tal forma la vida, temía y execraba a la muerte, estos síntomas fueron el preámbulo del desastre.
Él ser que escucho nuestras suplicas, y prestó atención a nuestra situación, tomó la decisión de concedernos lo que tanto ansiábamos, podría decir que pasaron los años, pero no representaría lo real de la situación ya que el tiempo no existía y no puedo aplicarlo, entonces la eternidad y el infinito serán nuestro leguaje, no-años no transcurrieron, y todo era igual, las mujeres ya no tenían la facultad dar vida, era un todo igual por siempre, y sé que no entiendes la palabra siempre, ya que aquí en este mundo si hay tiempo, pero los de la no-tierra si lo saben y muy bien, perfectamente.
Habíamos perdido mucho, había mucho que sin tiempo se nos había vedado, pero había algo que la humanidad nunca perdería jamás en ninguno de los tiempo o de los no-tiempos esa chispa de revolución que llevamos cada uno dentro, esa extraña contradicción que nos lleva a movernos, a hacer algo, algo que no podremos entender “jamás”, esta cualidad humano fue lo que salvó nuestra existencia.
Los mares, ríos, lagos, había cesado su movimiento, no fluían en ningún sentido, solo un río lo hacía, ese que estaba a un costado de la gran puerta. Briden era el nombre de quien en una época había anhelado la muerte, de una forma pura, sin maldad en el pensamiento, solo lo veía como un hito en esto que todos llaman vida, él en un as de esperanza, concibió la idea de que el río que fluye, trae consigo tiempo y existencia. Traspaso la gran puerta de forma ilegal, investigo el río durante algunas no-semanas, comentó su teoría, no-pronto la idea era masiva, Briden en tanto se adelanto a los demás, y se lanzó al río que había comenzado a ser llamado “tiempo”, cayó y comenzó a envejecer al instante, y la vida volvió a cobrar sentido para él. Al no-tiempo, los demás corrieron la misma suerte, el río guardo en secreto su destino. Cuando la no-tierra estuvo vacía, los relojes volvieron a girar y el ser que había pausado la tierra, camino hasta el río, se sentó en su orilla y dejo mojar sus pies, mientras las flores volvían a abrir sus pétalos al ritmo en que la tierra volvía a completar su elipse.
6/11/09
.......................El ultimo sueño
.
Su penúltimo sueño, si es que así se le puede llamar a esa vorágine de imágenes y sonidos difusos, era para él, sin duda alguna, el presagio perfecto, un augurio sin precedentes en su vida. Más que una perfecta silueta de lo real, este mortífero escándalo cerebral había causado en él un estruendo, tanto en lo corporal como en el plano de las emociones, ahora sabía lo que todos sabemos, pero de una forma distinta, digamos un poco más certera. Cuando vio abiertas las puertas del hospital trompetas anunciaron su presencia, nadie le salio al paso, esto lo confundió un poco más de lo normal, siempre estuvo confundido, tanto conciente como soñando, las cosas se movían similares a un péndulo, llamó más su atención el tono vetusto de la escena, como sucio, un tanto apagado, totalmente contradictorio a la habitual pureza iluminada de lugares como aquel. Entonces los doctores llamaron al único paciente del enorme recinto, el grupo de albinos seres, se sentaron alrededor de él, lo miraban por la rendija que dejaban las mascarillas y gorros, parecían preparados para operar al instante, bisbiseaban frenéticamente, daba la impresión de que él estaba siendo juzgado y pronto ellos lanzarían su sentencia.
Morirá, dijeron cada uno de los miembros del grupo simultáneamente, retumbó en él el áspero sonido de sus voces, luego unos silencios rondaron el lugar. Él no sabía muchas cosas, sin embargo, siempre supo que moriría, ¿no es acaso lo único que sabe el hombre sin titubeos? Entonces como si leyeran su mente, los doctores se pusieron en pie, uno de ellos se aproximo, y dijo: cierto muy cierto, la humanidad entera es conciente del óbito que los persigue y que jamás podrán esquivar, cierto muy cierto, es también que morirás la próxima vez que sueñes, diciendo esto dio media vuelta volvió a su sitio, todos simétricamente tomaron asiento una vez más, lo miraron y en un festín de voces dijeron, cierto muy cierto.
Él nunca fue esclavo de ese miedo infructífero a la muerte, sin embargo aquella profecía lo mantenía reflexivo, los primeros días tras la declaración le fue imposible cerrar los ojos, no pretendía morir, así fueron tres días, el cuarto le fue imposible seguir en aquel adormecido estado, durmió. No soñó, no murió. Millones anhelan la noche en busca de sueños, fantasías oníricas, placeres ocultos, sin embargo, él temía a esta imaginación nocturna, porque comenzó a creer profundamente en que los sueños eran parte de la realidad, y de que la advertencia que le fue hecha era real absolutamente cierta, cierta muy cierta.
El equipo medico hacía esfuerzos sobre humanos para tratar de entender el extraño estado en el cual se encontraba el muchacho, hacía ya mucho que había caído en un coma de extrañas características, daba la impresión de que solo estaba tomando una siesta, de que en cualquier momento despertaría pero no lo hacía, estaban todos alrededor de la camilla vociferando algunas hipótesis incompletas, entre tanta palabrería y excitación resulto imposible encontrar la causa de la extraña afección, coincidieron en un solo punto cuando uno de ellos dijo: este es el caso más enigmático de mi carrera, y todos dijeron, cierto muy cierto.
Lo que sucedió será algo que aquel equipo medico nunca logrará entender. Él paciente, es decir, nuestro protagonista, había desarrollado de alguna forma muy extraña la capacidad de soñar indefinidamente, pero no fue él quien logró que esto sucediera, sino que fue el temor desmedido que infundió en él el oráculo del que fue victima. Él se quedó allá en un sueño cerca de un sol lejano, tenía una pequeña casita a un costado de la lluvia, y desde su ventana se podían ver las tres lunas que giraban en torno a una montaña, en la cual se encontraba el hospital, una gran construcción con un grupo de médicos preparados para atender a su único paciente.
Él soñó eternamente y eso es; cierto muy cierto.
Su penúltimo sueño, si es que así se le puede llamar a esa vorágine de imágenes y sonidos difusos, era para él, sin duda alguna, el presagio perfecto, un augurio sin precedentes en su vida. Más que una perfecta silueta de lo real, este mortífero escándalo cerebral había causado en él un estruendo, tanto en lo corporal como en el plano de las emociones, ahora sabía lo que todos sabemos, pero de una forma distinta, digamos un poco más certera. Cuando vio abiertas las puertas del hospital trompetas anunciaron su presencia, nadie le salio al paso, esto lo confundió un poco más de lo normal, siempre estuvo confundido, tanto conciente como soñando, las cosas se movían similares a un péndulo, llamó más su atención el tono vetusto de la escena, como sucio, un tanto apagado, totalmente contradictorio a la habitual pureza iluminada de lugares como aquel. Entonces los doctores llamaron al único paciente del enorme recinto, el grupo de albinos seres, se sentaron alrededor de él, lo miraban por la rendija que dejaban las mascarillas y gorros, parecían preparados para operar al instante, bisbiseaban frenéticamente, daba la impresión de que él estaba siendo juzgado y pronto ellos lanzarían su sentencia.
Morirá, dijeron cada uno de los miembros del grupo simultáneamente, retumbó en él el áspero sonido de sus voces, luego unos silencios rondaron el lugar. Él no sabía muchas cosas, sin embargo, siempre supo que moriría, ¿no es acaso lo único que sabe el hombre sin titubeos? Entonces como si leyeran su mente, los doctores se pusieron en pie, uno de ellos se aproximo, y dijo: cierto muy cierto, la humanidad entera es conciente del óbito que los persigue y que jamás podrán esquivar, cierto muy cierto, es también que morirás la próxima vez que sueñes, diciendo esto dio media vuelta volvió a su sitio, todos simétricamente tomaron asiento una vez más, lo miraron y en un festín de voces dijeron, cierto muy cierto.
Él nunca fue esclavo de ese miedo infructífero a la muerte, sin embargo aquella profecía lo mantenía reflexivo, los primeros días tras la declaración le fue imposible cerrar los ojos, no pretendía morir, así fueron tres días, el cuarto le fue imposible seguir en aquel adormecido estado, durmió. No soñó, no murió. Millones anhelan la noche en busca de sueños, fantasías oníricas, placeres ocultos, sin embargo, él temía a esta imaginación nocturna, porque comenzó a creer profundamente en que los sueños eran parte de la realidad, y de que la advertencia que le fue hecha era real absolutamente cierta, cierta muy cierta.
El equipo medico hacía esfuerzos sobre humanos para tratar de entender el extraño estado en el cual se encontraba el muchacho, hacía ya mucho que había caído en un coma de extrañas características, daba la impresión de que solo estaba tomando una siesta, de que en cualquier momento despertaría pero no lo hacía, estaban todos alrededor de la camilla vociferando algunas hipótesis incompletas, entre tanta palabrería y excitación resulto imposible encontrar la causa de la extraña afección, coincidieron en un solo punto cuando uno de ellos dijo: este es el caso más enigmático de mi carrera, y todos dijeron, cierto muy cierto.
Lo que sucedió será algo que aquel equipo medico nunca logrará entender. Él paciente, es decir, nuestro protagonista, había desarrollado de alguna forma muy extraña la capacidad de soñar indefinidamente, pero no fue él quien logró que esto sucediera, sino que fue el temor desmedido que infundió en él el oráculo del que fue victima. Él se quedó allá en un sueño cerca de un sol lejano, tenía una pequeña casita a un costado de la lluvia, y desde su ventana se podían ver las tres lunas que giraban en torno a una montaña, en la cual se encontraba el hospital, una gran construcción con un grupo de médicos preparados para atender a su único paciente.
Él soñó eternamente y eso es; cierto muy cierto.
26/10/09
.......................La sublime existencia
.
Me parece un tanto incierto el destino que propino la vida a este par de enamorados, tal vez fue su excesiva pasión, quién sabe.
Lo cierto es que entre ellos existía un extraño magnetismo, como si un alma estuviese en dos cuerpos, como si cada extremo corriera desesperado para volver a la unidad, y no es tan solo en el pensamiento esta enajenada necesidad, sino que sus cuerpos corrían la misma suerte. Estamos hablando de magnitudes incomprensibles para los humanos comunes.
La ausencia del otro provocaba una insana sensación de desvanecimiento en el cuerpo, desde el pecho se desprendía un trozo de sí, esto provocaba una perdida de energía horrible casi hasta el desmayo, la situación se tornaba peligrosa cuando la distancia era prolongada, como si un engranaje del universo saliera perdido sin sentido, entonces el desastre era colectivo, pero todo esto sucedía dentro de un hombre.
Los pensamientos eran corrompidos sin la más minima sutileza, la imagen del otro se incrustaba en el centro, justo ahí donde toda idea comienza, fluido carmín rodeaba la presencia imaginaría.
El remedio era suplicarle al sol que cruzará el cielo más rápidamente, gritarle que no debía tardar en aparecer una vez más, entonces así se unían como en la más oculta de las confabulaciones, hacían desaparecer el aire, la tierra, la raza humana por completo, y estaban ahí los dos, entre la nada y el todo.
Justo en medio de lo real y lo imaginario, ocurrió.
En el último de sus encuentros, fue donde la desequilibrada necesidad del nexo hizo estragos, el torbellino que los envolvía les quemaba la piel, la asfixia era tal que no dejaba espacio para la respiración, aire que no necesitaban, estaban los dos qué más hacía falta. Los cuerpos en una sola amalgama de delirio se entrelazaban sin dejar lugar al descanso, rompían con el tiempo y las leyes de la física, ya no tenían ojos veían con el alma, con el cuerpo, con los labios, tal vez tardaron una eternidad, pero sus cuerpos se consumieron, se desgarraron, se frotaron hasta no dejar rastro de alguno de ellos, como el mejor de los crímenes de la historia, ni una huella de su existencia, se unieron en tal forma que dejaron el simple ser y se distorsionaron hasta la sublime existencia, esa incorpórea, que permanece en la gloría eternamente.
Me parece un tanto incierto el destino que propino la vida a este par de enamorados, tal vez fue su excesiva pasión, quién sabe.
Lo cierto es que entre ellos existía un extraño magnetismo, como si un alma estuviese en dos cuerpos, como si cada extremo corriera desesperado para volver a la unidad, y no es tan solo en el pensamiento esta enajenada necesidad, sino que sus cuerpos corrían la misma suerte. Estamos hablando de magnitudes incomprensibles para los humanos comunes.
La ausencia del otro provocaba una insana sensación de desvanecimiento en el cuerpo, desde el pecho se desprendía un trozo de sí, esto provocaba una perdida de energía horrible casi hasta el desmayo, la situación se tornaba peligrosa cuando la distancia era prolongada, como si un engranaje del universo saliera perdido sin sentido, entonces el desastre era colectivo, pero todo esto sucedía dentro de un hombre.
Los pensamientos eran corrompidos sin la más minima sutileza, la imagen del otro se incrustaba en el centro, justo ahí donde toda idea comienza, fluido carmín rodeaba la presencia imaginaría.
El remedio era suplicarle al sol que cruzará el cielo más rápidamente, gritarle que no debía tardar en aparecer una vez más, entonces así se unían como en la más oculta de las confabulaciones, hacían desaparecer el aire, la tierra, la raza humana por completo, y estaban ahí los dos, entre la nada y el todo.
Justo en medio de lo real y lo imaginario, ocurrió.
En el último de sus encuentros, fue donde la desequilibrada necesidad del nexo hizo estragos, el torbellino que los envolvía les quemaba la piel, la asfixia era tal que no dejaba espacio para la respiración, aire que no necesitaban, estaban los dos qué más hacía falta. Los cuerpos en una sola amalgama de delirio se entrelazaban sin dejar lugar al descanso, rompían con el tiempo y las leyes de la física, ya no tenían ojos veían con el alma, con el cuerpo, con los labios, tal vez tardaron una eternidad, pero sus cuerpos se consumieron, se desgarraron, se frotaron hasta no dejar rastro de alguno de ellos, como el mejor de los crímenes de la historia, ni una huella de su existencia, se unieron en tal forma que dejaron el simple ser y se distorsionaron hasta la sublime existencia, esa incorpórea, que permanece en la gloría eternamente.
15/10/09
Justo aquí
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Porque el hombre fuerte ve más allá de mansión podrida, más allá del ápice de maldad, ese que con el conflicto ajeno debe volcarse para no sufrir, al que siente fuerte, ese que se que se maravilla y se destruye, porque él encuentra verdad en la realidad, porque él es sereno, porque logró comprender que su vida es más que la superficie, más que los pliegues de la cara y los pigmentos de la piel, se ama, y por ende disfruta dolor y placer del mismo modo.
Las lágrimas no son escasas en sus mejillas, y sus sonrisas hacen más lindo el sol, a veces se siente solo como perdido y algo nublado, es propio del humano. La nubosidad es inherente en nuestro camino, más que el día soleado, pero existe quien logra percatarse de que la nube no hace más que disfrazar el mismo rayo de sol que corre desesperadamente para impactar en nosotros, una verdad algo triste una verdad media mentira, solo basta saber que el sol no es precisamente eso que esta allí arriba ardiendo eternamente, sino esto que esta aquí, si justo aquí, aquí dentro.
Porque el hombre fuerte ve más allá de mansión podrida, más allá del ápice de maldad, ese que con el conflicto ajeno debe volcarse para no sufrir, al que siente fuerte, ese que se que se maravilla y se destruye, porque él encuentra verdad en la realidad, porque él es sereno, porque logró comprender que su vida es más que la superficie, más que los pliegues de la cara y los pigmentos de la piel, se ama, y por ende disfruta dolor y placer del mismo modo.
Las lágrimas no son escasas en sus mejillas, y sus sonrisas hacen más lindo el sol, a veces se siente solo como perdido y algo nublado, es propio del humano. La nubosidad es inherente en nuestro camino, más que el día soleado, pero existe quien logra percatarse de que la nube no hace más que disfrazar el mismo rayo de sol que corre desesperadamente para impactar en nosotros, una verdad algo triste una verdad media mentira, solo basta saber que el sol no es precisamente eso que esta allí arriba ardiendo eternamente, sino esto que esta aquí, si justo aquí, aquí dentro.
7/10/09
Un crudo perfil
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Tan deteriorado como una esponja luego de mil lavados, se lanzó sobre el catre en busca de soledad y alguna forma de olvidar el agobiante dolor que ese día le regalo. El problema era que todos los días desde hace mucho pasaba esto y la solución es inexistente para él, quizás mientras divaga entre problemas y cansancio no logra pensar en alguna forma del salir del embrollo, pero de alguna forma, bastante extraña por cierto, se levanta y comienza el día siguiente. Debe ser que se le entumeció el cerebro de tanto cansancio, o tal vez, de la misma forma que un animal, lo guía el instinto y labora tal y como lo hizo ayer.
Qué mejor retrato que los pies, pies… pies… no son, pero se parecen. Como carne molida los tiene, no… como charqui, exacto como charqui, tan secos y duros que se abre la carne, tal y como allá en el norte, donde alguna vez pasó agua pero ya no, esos talones agrietados amarillos, repulsivos, taladrados y acuchillados, del tipo que esta cansado. Los dedos, no quería llegar a este punto, pero… la historia debe seguir, algunos con uñas y otros sin, algunas oscuras, prefiero no seguir, alguna especie devoradora vive entre sus dedos, o será que no para en todo el día y le da mucho calor.
¡Párate! Acaso no te das cuenta que estas en horas de trabajo, si, pero… me duele, el “si” fue audible, el “me duele” se le tranco en la garganta, más puede el miedo que el dolor ¿no? Medio podrido por fuera y putrefacto por dentro, el odio acumulado ya lo superaba a él, a su dolor no, entonces el trauma avanza, cómo detenerlo.
Es cierto que casos de este tipo han ido disminuyendo muy lentamente (alargue el sonido de la “u” y un poco el de la “y”), estas buenas leyes sociales que tenemos ¿no? Nunca he sido un partidario de la critica social injustificada, menos de estas escuetas “protestas” esbozadas en las paredes, qué mediocridad, de las mediocridades que me entristecen, por qué no hacer la gran revolución, despegar de las paredes la frustración, porque la revolución esta en el pensamiento, en el buen pensamiento, es difícil apagar el fuego con petróleo, por eso recomiendo que se cultive su inteligencia, que despierte el pensamiento, que brote tu opinión y así hacer más complejo para el gusano que espera hambrientamente nuestra muerte el acceso a nuestro cuerpo sin los pies agrietados de tanto dolor.
Tan deteriorado como una esponja luego de mil lavados, se lanzó sobre el catre en busca de soledad y alguna forma de olvidar el agobiante dolor que ese día le regalo. El problema era que todos los días desde hace mucho pasaba esto y la solución es inexistente para él, quizás mientras divaga entre problemas y cansancio no logra pensar en alguna forma del salir del embrollo, pero de alguna forma, bastante extraña por cierto, se levanta y comienza el día siguiente. Debe ser que se le entumeció el cerebro de tanto cansancio, o tal vez, de la misma forma que un animal, lo guía el instinto y labora tal y como lo hizo ayer.
Qué mejor retrato que los pies, pies… pies… no son, pero se parecen. Como carne molida los tiene, no… como charqui, exacto como charqui, tan secos y duros que se abre la carne, tal y como allá en el norte, donde alguna vez pasó agua pero ya no, esos talones agrietados amarillos, repulsivos, taladrados y acuchillados, del tipo que esta cansado. Los dedos, no quería llegar a este punto, pero… la historia debe seguir, algunos con uñas y otros sin, algunas oscuras, prefiero no seguir, alguna especie devoradora vive entre sus dedos, o será que no para en todo el día y le da mucho calor.
¡Párate! Acaso no te das cuenta que estas en horas de trabajo, si, pero… me duele, el “si” fue audible, el “me duele” se le tranco en la garganta, más puede el miedo que el dolor ¿no? Medio podrido por fuera y putrefacto por dentro, el odio acumulado ya lo superaba a él, a su dolor no, entonces el trauma avanza, cómo detenerlo.
Es cierto que casos de este tipo han ido disminuyendo muy lentamente (alargue el sonido de la “u” y un poco el de la “y”), estas buenas leyes sociales que tenemos ¿no? Nunca he sido un partidario de la critica social injustificada, menos de estas escuetas “protestas” esbozadas en las paredes, qué mediocridad, de las mediocridades que me entristecen, por qué no hacer la gran revolución, despegar de las paredes la frustración, porque la revolución esta en el pensamiento, en el buen pensamiento, es difícil apagar el fuego con petróleo, por eso recomiendo que se cultive su inteligencia, que despierte el pensamiento, que brote tu opinión y así hacer más complejo para el gusano que espera hambrientamente nuestra muerte el acceso a nuestro cuerpo sin los pies agrietados de tanto dolor.
18/9/09
Júpiter
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Un sonido sin raíz invadió mis oídos, era el sonido de la desesperación, junto con tres criaturas de blanco, que usaban unos sombreros negros y caminaban como volando. Me vi solo, eran las tres de la madrugada, estos tres comenzaron a seguirme, tenían una velocidad extraña, yo corría y ellos estaban tras de mi a una determinada distancia , por el cansancio disminuí mi ritmo y ellos seguían a la misma distancia, me dio la impresión de que no querían precisamente capturarme, sino despertar en mi ese instinto humano de buscar la sobrevivencia, pensé en detenerme, pero el instinto estaba activado, pasará lo que pasará, no podría detenerme hasta estar en un lugar seguro.
Mi alma sentía quedarse atrás, el cuerpo solo actuaba, yo trababa de mantener a las dos partes de mi lo más pegadas posible, mis secuestradores seguían inmutables cada paso que daba.
Vi el terreno baldío que se extiende frente a mi casa, me entregué por completo a mis piernas, salté, volé por entre piedras y montones de tierra, ellos seguían atrás, entonces, estuve frente al hogar, abrí la puerta, sin saber que hacía, estaba fuera de conciencia, como si me hubiesen montado sobre un caballo y yo solo mirará su trayectoria, entonces entré. Desperté súbitamente, sudando como nunca lo había hecho, con terror de que la experiencia fuera real, eché un vistazo por entre las cortinas. Lo anterior era nada frente a la masacre que estaba ocurriendo fuera de casa, esta vez los de blanco ya no eran tres sino cincuenta, median más de dos metros, sus oponentes eran seres de negro de las mimas características y traían consigo lanzas azules, la batalla era desgarradora, los de negro perforaban a los blancos con furia, descontroladamente como si fuese el fin del mundo, los blancos reventaban en ríos de sangre, manchaban todo a su alrededor, la tierra comenzó a absorber la sangre derramada y tomo un color rojo tan vivo, daba la impresión de que esta latía. Los blancos indefensos cayeron rápidamente ante los negros.
Atónito, medio muerto, medio vivo, estaba frente a la ventana salpicada de sangre, cuando el ultimo blanco murió, dos de los negros miraron en mi dirección, lograron dar con mis ojos y en cuestión de segundos, con pasos tan largos y terribles, que hacían temblar todo lo que existía, se pararon frente a la ventana y con un solo grito destrozaron los vidrios, luego los muros, pestañee y vi la casa hecha ruinas. Me tomaron preso, vendaron mis ojos.
Frente a la corte, se expusieron mis cargos, estaba allí una gran cantidad de blancos y negros esta vez en paz. El juez era mitad blanco mitad negro, esté dijo con dos voces al mismo tiempo; Nadie nunca había logrado ver a un blanco, ni mucho menos a un negro, sin embargo tú lo has hecho, has provocado la guerra entre nosotros, y serás castigado con la muerte, degollado será tu final, como es tradición de nuestras razas te será concedida una ultima petición. Las vivencias ya me habían dejado sin energía, solo mi mente podía reaccionar frente a la vorágine de sentimientos que destruían mi cerebro, mis ojos debían estar desorbitados, ya que se me hacía imposible definir exactamente la imagen del juez, tembloroso abrí mis labios y dije; deseo tomar un poco de mi felicidad y la derramarla en mis sueños.
El lugar sufrió una metamorfosis, ya no habían más blancos ni negros, sino un sinfín de colores y deformaciones, sin fronteras, las voces eran como pianos y clarinetes, eran como un enorme mosaico descollante, pero la hora llego. Sonaron trompetas, me encaminaron por algo similar a una calle, hasta una extraña maquina, era algo como un ventilador gigante, tenía tantas astas como colores existen, entonces, las astas comenzaron a girar, cada vez más rápido, a cada giro mi cuerpo sentía calambres inhumanos, ya no sé qué sudaba, quizás era sangre. El verdugo lo lanzó en dirección a las astas. Entonces, su cabeza calló dando vueltas en su eje, el impacto produjo un sonido seco tortuoso, luego rodó hasta perderse. Abrió los ojos y se percató de que faltaba en su cielo un planeta, miró hacia el suelo y allí estaba Júpiter rodando cerca del armario.
Un sonido sin raíz invadió mis oídos, era el sonido de la desesperación, junto con tres criaturas de blanco, que usaban unos sombreros negros y caminaban como volando. Me vi solo, eran las tres de la madrugada, estos tres comenzaron a seguirme, tenían una velocidad extraña, yo corría y ellos estaban tras de mi a una determinada distancia , por el cansancio disminuí mi ritmo y ellos seguían a la misma distancia, me dio la impresión de que no querían precisamente capturarme, sino despertar en mi ese instinto humano de buscar la sobrevivencia, pensé en detenerme, pero el instinto estaba activado, pasará lo que pasará, no podría detenerme hasta estar en un lugar seguro.
Mi alma sentía quedarse atrás, el cuerpo solo actuaba, yo trababa de mantener a las dos partes de mi lo más pegadas posible, mis secuestradores seguían inmutables cada paso que daba.
Vi el terreno baldío que se extiende frente a mi casa, me entregué por completo a mis piernas, salté, volé por entre piedras y montones de tierra, ellos seguían atrás, entonces, estuve frente al hogar, abrí la puerta, sin saber que hacía, estaba fuera de conciencia, como si me hubiesen montado sobre un caballo y yo solo mirará su trayectoria, entonces entré. Desperté súbitamente, sudando como nunca lo había hecho, con terror de que la experiencia fuera real, eché un vistazo por entre las cortinas. Lo anterior era nada frente a la masacre que estaba ocurriendo fuera de casa, esta vez los de blanco ya no eran tres sino cincuenta, median más de dos metros, sus oponentes eran seres de negro de las mimas características y traían consigo lanzas azules, la batalla era desgarradora, los de negro perforaban a los blancos con furia, descontroladamente como si fuese el fin del mundo, los blancos reventaban en ríos de sangre, manchaban todo a su alrededor, la tierra comenzó a absorber la sangre derramada y tomo un color rojo tan vivo, daba la impresión de que esta latía. Los blancos indefensos cayeron rápidamente ante los negros.
Atónito, medio muerto, medio vivo, estaba frente a la ventana salpicada de sangre, cuando el ultimo blanco murió, dos de los negros miraron en mi dirección, lograron dar con mis ojos y en cuestión de segundos, con pasos tan largos y terribles, que hacían temblar todo lo que existía, se pararon frente a la ventana y con un solo grito destrozaron los vidrios, luego los muros, pestañee y vi la casa hecha ruinas. Me tomaron preso, vendaron mis ojos.
Frente a la corte, se expusieron mis cargos, estaba allí una gran cantidad de blancos y negros esta vez en paz. El juez era mitad blanco mitad negro, esté dijo con dos voces al mismo tiempo; Nadie nunca había logrado ver a un blanco, ni mucho menos a un negro, sin embargo tú lo has hecho, has provocado la guerra entre nosotros, y serás castigado con la muerte, degollado será tu final, como es tradición de nuestras razas te será concedida una ultima petición. Las vivencias ya me habían dejado sin energía, solo mi mente podía reaccionar frente a la vorágine de sentimientos que destruían mi cerebro, mis ojos debían estar desorbitados, ya que se me hacía imposible definir exactamente la imagen del juez, tembloroso abrí mis labios y dije; deseo tomar un poco de mi felicidad y la derramarla en mis sueños.
El lugar sufrió una metamorfosis, ya no habían más blancos ni negros, sino un sinfín de colores y deformaciones, sin fronteras, las voces eran como pianos y clarinetes, eran como un enorme mosaico descollante, pero la hora llego. Sonaron trompetas, me encaminaron por algo similar a una calle, hasta una extraña maquina, era algo como un ventilador gigante, tenía tantas astas como colores existen, entonces, las astas comenzaron a girar, cada vez más rápido, a cada giro mi cuerpo sentía calambres inhumanos, ya no sé qué sudaba, quizás era sangre. El verdugo lo lanzó en dirección a las astas. Entonces, su cabeza calló dando vueltas en su eje, el impacto produjo un sonido seco tortuoso, luego rodó hasta perderse. Abrió los ojos y se percató de que faltaba en su cielo un planeta, miró hacia el suelo y allí estaba Júpiter rodando cerca del armario.
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